Visse, scrisse, amò

"L'âme est apparemment trop troublée par ses émotions, pour être attentive à ce qui les cause ou à ce qui les accompagne".

Escric empesa per la necessitat egoista de descobrir-me a mi mateixa, o potser d'inventar-me un "jo" amb qui poder conviure de forma harmoniosa. Em fascina el procés intel.lectual mitjançant el qual traduïm els sentiments primitius en paraules. La veritat és que mai he pensat que el que jo escric pugui interessar als altres. Tots som observadors del mateix. Però suposo que allò que ens difereix rau en l' angle des del qual contemplem el devenir de la vida. Amb tot això, espero que a algú li resulti interessant el meu angle o, si més no, l'entengui.


jueves, 6 de enero de 2011

El pájaro rompe el cascarón





El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera nacer tiene que destruir un mundo. El pájaro vuela hacia Dios. El Dios se llama Abraxas.





––No debe usted entregarse a deseos en los que no cree. Sé lo que desea. Pero tiene que saber renunciar a esos deseos o desearlos de verdad. Cuando llegue a pedir con la plena seguridad de que su deseo va a ser cumplido, éste será satisfecho. Sin embargo, usted desea y al mismo tiempo se arrepiente de ello con miedo. Hay que superar eso. Voy a contarle una historia.
 Y me contó la historia de un muchacho enamorado de una estrella. Adoraba a su estrella junto al mar, tendía sus brazos hacia ella, soñaba con ella y le dirigía todos sus pensamientos. Pero sabía, o creía saber, que una estrella no puede ser abrazada por un ser humano. Creía que su destino no era amar a una estrella sin esperanza; y sobre esta idea construyó todo un poema vital de renuncia y sufrimiento silencioso y fiel que habría que purificarle y perfeccionarle. Todos sus sueños se concentraban en la estrella. Una noche estaba junto al mar, sobre un acantilado, contemplando la estrella y ardiendo de amor hacia ella. En el momento de mayor pasión dio unos pasos hacia adelante y se lanzó al vacío, a su encuentro. Pero en el instante de tirarse pensó que era imposible y cayó a la playa destrozado. No había sabido amar. Si en el momento de lanzarse hubiera tenido la fuerza de creer firmemente en la realización de su amor, hubiese volado hacia arriba a reunirse con su estrella.
––El amor no se debe pedir––dijo––, ni tampoco exigir. Ha de tener la fuerza de encontrar en sí mismo la certeza. En ese momento ya no se siente atraído, sino que atrae él mismo.

Demian, Hermann Hesse.

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